martes, 2 de mayo de 2023

LO QUE ME HACE SENTIR VIVO...
(DE ABRAZOS Y OTROS PLACERES DEL CORAZÓN)


“Las mejores y más bellas cosas del mundo
no pueden verse ni tocarse,
deben sentirse con el corazón”

Helen Adams Keller (1880 – 1968)


“Nada se mueve en torno,
como el agua tranquila del remanso;
detenida la arena en la clepsidra,
dormido el viento, inmóviles los pájaros…
¡Qué abrazo interminablemente dulce!;
no te muevas, mujer, de mi regazo
(…)
Abrazo vertical, exuberante,
nudo incondicional, íntimo abrazo.”

Francisco Álvarez-Hidalgo (1935 – 2014)
De “Abrazos”


Foto de Daria Rudyk en Unsplash
Más allá de todo mi filosofar, de mis “sesudeces”, de mis complejidades y rarezas, lo que me hace sentir vivo son las cosas más naturales, sencillas y espontáneas.

Lo que más, por encima de cualquier otra cosa, son los abrazos; ese maravilloso entrelazarse de dos cuerpos para expresar sin palabras el amor que los une.

El abrazo tiene muchas magnitudes. Cuando no se puede dar un abrazo físicamente, el abrazo tiene otras muchas formas de ser vivido. Abrazar con palabras sonoras o escritas es una maravilla, pero el más bello abrazo, de entre ellos, el que me más me emociona y más me hace estremecer, es el abrazo de una mirada colmada de amor y dulzura. Es increíble cómo he llegado a temblar con una mirada llena de amor. Y no importa que sean presenciales o retransmitidas. ¡Cómo va a importar el medio por el cual me lleguen esas miradas cuando lo único que importa es que haya alguien cuya ternura me envuelva y me llene de vida!

No, amigos. Si abrazar es rodearse mutuamente de amor, y el amor se puede transmitir de mil maneras, entonces nos podemos abrazar de esas mil maneras. Y no podemos convertir el abrazo en una formalidad, en una exigencia de la amistad (de conservar a alguien al lado). El abrazo debe ser un el más sincero y espontáneo de los actos, exento de miedos y complejos. Y si nos damos abrazos así, nuestro espíritu rejuvenece, se fortalece y se viste de felicidad; nos llena de energía y deseos de vivir. Y regreso a la niñez, porque esto es abrazarse como los niños abrazan. Los niños, que sin ser la perfección, son el mayor ejemplo de lo mejor y más bello de la vida y del ser humano.

¿Y qué más me hace sentir vivo? Sumergirme en la naturaleza hasta sentir que formo parte de ella, por ejemplo. Pasear y charlar, sobre la belleza de la vida, muchas veces filosofando. Porque también necesito reconocerme y sentirme, descubriendo mi más auténtico yo. Y vivirlo. ¡Y compartirlo! De eso se trata vivir… poner en común.

Y miles de cosas más… que la belleza nunca la veremos si no empezamos por descubrir antes nuestra más genuina sensibilidad.

Así que un abrazo, a todo el que se acerque hasta aquí. Y a quien no se acerque, también.


Emilio Muñoz
Pensar y sentir

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(original autentificado)



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