“Llamábamos a la tierra
una de las flores del cielo,
y llamábamos al cielo
el infinito jardín de la vida”
Friedrich Hölderlin (1770 – 1843)
De “Hiperión”
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| Imagen propia |
El 4 de Junio de 2023 narré el sorprendente encuentro con un gorrión ("El viejo gorrión. Una historia trivial") Un hecho que ocurrió en el verano de hace unos cuatro o cinco años, y del que no tengo imágenes.
Para mí sorpresa, se volvió a producir un sorprendente encuentro con una pequeña ave. En este caso con un petirrojo. Y en esta ocasión sí que tengo imágenes de su sorprendente comportamiento.
Estando de viaje, el pasado 12 de Septiembre de 2023 (ya hace casi un año como se puede comprobar en la fecha grabada en las mismas fotografías), decidimos comer en un restaurante de carretera que nos habían recomendado en el precioso Monasterio de Montesclaros. Se trata de un lugar donde comer, parada de camioneros, muy concurrido, en la gasolinera del pueblo de Fombellida, ambos lugares situados en el sur de Cantabria (norte de España). Por supuesto que recomiendo visitarlos, en un caso para disfrutar de la deliciosa belleza de un aislado monasterio en el que viven aún unos pocos monjes, y en el otro para comer sencillo, sano y a buen precio.
Después de comer decidimos esperar un rato antes de volver a coger el coche. Nos sentamos en un banco frente a una zona infantil del mismo recinto de la gasolinera. Para mi sorpresa, al poco de sentarme se posó en el suelo, no muy lejos de mí, un precioso petirrojo. Poco a poco se fue acercando a mis pies. De vez en cuando levantaba la vista para encontrar mi mirada.
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| Imagen propia |
En total fueron cuatro las veces que se acercó esa ave. Las tres primeras, se fue acercando cada vez más hasta el punto de pasearse en el suelo distraído, casi pegado a mis pies. De vez en cuando picoteaba algo sin comer y hasta me daba la espalda. En ningún momento lo vi temeroso o preocupado. Después de la segunda visita me acerqué a por pan en la creencia de que tendría hambre. Regué el lugar de migas y en su tercera visita tomó una de ellas, pero solo para jugar lanzándola más lejos. No comió del pan, y pensé que el pan no entra dentro de su dieta.
En su última visita, después de la cual volvimos a coger el automóvil para seguir camino, no se posó en el suelo, sino en la valla que tenía justo en frente de mí, a la altura de mis ojos, a poco más de un metro de distancia. Y allí estuvo unos segundos observándome, sin que pueda explicar la razón de su sorprendente comportamiento.
Pero aunque no pueda explicarme cómo es posible que ocurran hechos tan inesperados e insólitos, en ellos encuentro una belleza que me deslumbra, un motivo para cambiar el ritmo de esta ajetreada vida, y dedicarme a disfrutar de su magia. Observar, reflexionar, sentir… y compartir.
Vivir… Vivir… Realmente… ¡vivir!
No puedo dejar de ver esa mirada menuda, fija, penetrante, inteligente, serena de un ser tan diminuto. Vislumbraba paz en su mirar, y gozo en su vivir, y entendimiento en su mirar. Una mirada en la que cabía todo un universo... Un universo en el que el amor a la vida, y al vivir, todo lo une y a todo da sentido. Por eso me pregunto si hay algún motivo que pueda hacer que renunciemos a disfrutar de este paraíso que es la naturaleza, y de este regalo que es el amor.
Emilio Muñoz
Pensar y sentir
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